La universidad ante el escenario abierto por la pandemia de COVID 19

Por Salustiano Mato

La pandemia de la enfermedad COVID-19 constituye una amenaza a nivel mundial que ha afectado, y está afectando, de forma muy importante a nuestro país. Los desafíos a los que nos enfrentamos requieren más que nunca de generosidad, altura de miras, visión de futuro y capacidad de respuesta inmediata, cualidades que nos permitan ofrecer soluciones de alcance a nuestra sociedad.

El Sistema de Enseñanza Superior se ha volcado con la sociedad, a la que sirve, para minimizar su impacto en lo inmediato y a medio plazo. De esta forma, no solo se ha adaptado a esta situación de emergencia en cuestión de horas para mantener la calidad de su actividad, sino que ha salido de las aulas y los laboratorios para, a través de sus recursos materiales y humanos, transferir el conocimiento adquirido para ayudar a enfrentarse a la fase aguda de esta pandemia y contribuir a la reconstrucción social y económica del país en este nuevo escenario que ya denominamos “nueva normalidad”.

OPINION-SALUSTIANO

Salustiano Mato
Secretario General de CRUSOE

Mirando a la sociedad

Desde el primer momento, las universidades han puesto a disposición del gobierno y de las instituciones sanitarias todo el material que pudiera servir de ayuda al Sistema Nacional de Salud. De esta forma, se hicieron inventarios de todo tipo de material existente en los laboratorios, como mascarillas, guantes, equipos de protección individual, gafas o productos desinfectantes, creando un auténtico stock de material que fue de gran utilidad en los momentos iniciales y más agudos de la pandemia. Incluso ante la falta de distintos tipos de equipamiento crítico fundamentales para salvar vidas, como son los equipos de ventilación asistida muchos laboratorios universitarios se pusieron a colaborar con distintas empresas para su fabricación y producción rápida, cuando no fueron ellos mismos los que los fabricaron.

En estas iniciativas, no solo se ponía a disposición la infraestructura, sino también el capital humano de las universidades. De hecho, además del personal universitario integrado en todos los centros hospitalarios, un gran número de profesionales de distintas disciplinas ofrecieron su ayuda y se incorporaron como refuerzo para ayudar a nuestros profesionales de la sanidad pública. De esta forma, fueron habilitados los alumnos de los últimos cursos de medicina y otras especialidades sanitarias. Psicólogos, psicopedagogos, trabajadores sociales y otros profesionales de áreas no sanitarias se incorporaron también para reforzar la atención a las familias afectadas o en los centros sensibles como las residencias de mayores.

Pero más allá del plazo inmediato, las universidades y los centros de enseñanza superior están trabajando para acelerar todo tipo de trabajos de investigación que puedan resolver de manera rápida muchos de los problemas derivados de esta crisis a corto plazo. En estos momentos existen numerosos proyectos de investigación que se han presentado a las distintas convocatorias públicas.

Pensando en los estudiantes

Las medidas de “docencia en remoto de emergencia” que se tuvieron que activar para evitar el colapso total del Sistema Universitario, han hecho posible que la universidad y los institutos politécnicos mantuviesen su actividad en estas condiciones tan extremas e inesperadas, haciéndolo en horas y manteniendo finalmente la calidad académica de una forma digna.

Para hacer esto posible en un primer momento, se ha tenido que actuar de manera acelerada para desarrollar un conjunto de medidas extraordinarias que pudieran hacer posible el desarrollo normal del curso y que los alumnos pudiesen de alguna forma llevar a cabo “confinados” todas sus actividades académicas. Definir cómo desarrollar las prácticas externas, los sistemas de evaluación en remoto, la adaptación metodológica en el desarrollo de actividades académicas como las prácticas de laboratorio, las pruebas de acceso a la universidad y, sobre todo, actuar rápidamente para paliar la brecha digital, son algunos ejemplos de la inmensa actividad que han tenido los rectores.

Así por ejemplo, en cuanto a la brecha digital, se actuó centrándose en fortalecer y complementar la actividad docente no presencial en un marco de equidad para todos los estudiantes. De forma más específica, se establecieron como objetivos estratégicos prioritarios, dar respuesta al colectivo de estudiantes que se encuentran dentro de la denominada brecha digital con soluciones tecnológicas estandarizadas. También se llevo a cabo una mejora la estabilidad de los sistemas informáticos que actualmente están disponibles para las universidades. Se desarrollaron soluciones tecnológicas de evaluación, así como métodos y sistemas de seguimiento de actividad docente desde plataformas digitales. Además, se promovieron iniciativas iniciativas para la formación del PDI, el PAS y el estudiantado en competencias digitales.

Superada la fase de cambio de una docencia presencial a otra no presencial, y en buena medida la de las evaluaciones, la gran pregunta es cómo iniciaremos el curso que viene. En este sentido, para preservar la docencia presencial el próximo curso se necesita una gran apuesta por el sistema público de educación que nos permita, a través de recursos humanos y materiales suficientes, realizar la tarea en grupos reducidos y asegurando la distancia de seguridad. Este es el principal camino. Las bondades de las herramientas no presenciales solo deben ser usadas para complementar las actividades presenciales. Desde la comunidad universitaria se debe ajustar los componentes académicos, organizativos y recursos a contextos de aprendizaje alternativos. El profesorado adaptará los contenidos, la metodología, las estrategias docentes, las actividades de evaluación y los recursos de las asignaturas a una nueva planificación para que el estudiantado logre los resultados de aprendizaje esperados en el marco del Espacio Europeo de Educación Superior.

Todo tiene un límite y este lo hemos alcanzado en los meses de emergencia, ahora debemos trabajar desde las condiciones de la “nueva normalidad”, sin renunciar a la esencia de nuestro cometido.

Debemos hacer una correcta y completa planificación del próximo curso, definiendo todos los escenarios posibles. Y en ello están trabajando todas las universidades e institutos politécnicos. Debemos ofrecer información de forma transparente y clara a los estudiantes sobre cuáles van a ser las condiciones en las que va a desarrollarse el próximo curso. Es muy importante que conozcan en el momento de hacer la matrícula todos los escenarios a los que se pueden enfrentar y cuáles serán las modificaciones de las actividades a realizar en cada caso. Es por esto que se están definiendo guías docentes para una situación normal, sin restricciones, pero también variaciones de las mismas en función de las restricciones que puedan marcar las autoridades sanitarias.

Cuando el coronavirus cambió radicalmente nuestras vidas, la comunidad universitaria realizó un esfuerzo como jamás antes se había visto, marcándonos el objetivo de que ningún estudiante quedase atrás por culpa de la emergencia sanitaria. Y tenemos por delante un nuevo curso que es todo un reto.

Salustiano Mato
Secretario General de CRUSOE